Universidad Juárez Autónoma de Tabasco
División Académica de Educación y Artes
Lic. En ciencias de la educación
TENDENCIAS DIDÁCTICAS
MCE. Elizabeth Rodríguez Hernández.
SUBGRUPO “D”
1. Rodrigo
Díaz Vázquez.
2. Carlos
Macario Magaña Morales.
3. Blanca
Damián Enríquez.
4. Mónica
María Cruz Hernández.
TALLER II
ACTIVIDADES INDIVIDUALES
RODRIGO DÍAZ VÁZQUEZ
XVI
Requisitos generales para aprender y
enseñar, esto es: de qué modo debemos enseñar
y aprender con tal seguridad que
necesariamente hayan de experimentarse los efectos.
Juan amos Comenio, didáctica magna; Porrúa 1998, p, 43-44
La naturaleza aprovecha el tiempo favorable.
De dos maneras se falta este fundamento en las escuelas:
I.
No utilizando el tiempo
adecuado para el desarrollo del entendimiento
II.
No disponiendo luego los
ejercicios con tal cuidado que todo se verifique infaliblemente por sus pasos
contados.
La
formación del hombre debe empezarse en la primavera de la vida: en la niñez.
(La niñez nos representa la primavera, la juventud el estío, la virilidad el
otoño, y la vejez el invierno). Las horas de la mañana son las más adecuadas
para el estudio. (La mañana semeja la primavera, el medio día el verano, la
tarde el otoño, y la noche el invierno). Todo cuanto se ha de aprender debe de
escalonarse conforme a los grados de la edad, de tal manera que no se proponga
nada que no esté en condiciones de recibir.
XVI
Requisitos generales para aprender y
enseñar, esto es: de qué modo debemos enseñar
y aprender con tal seguridad que
necesariamente hayan de experimentarse los efectos.
Juan amos Comenio, didáctica magna; Porrúa 1998, p, 46-50
La
naturaleza toma para sus operaciones los sujetos a propósito, o también para
hacerlos aptos los prepara antes adecuadamente. Se ha pecado contra esto en las
escuelas, no tanto admitiendo en ellas a los obtusos y necios. La naturaleza no
se confunde en sus obras, procede claramente en cada una de ellas; en las
escuelas existió la confusión de enseñar a los discípulos muchas cosas a un
tiempo. La naturaleza empieza todas sus operaciones por lo más interno; debe
formarse primero el entendimiento de las cosas, después la memoria, y por
último la lengua y las manos; debe tener en cuenta el preceptor todos los
medios de abrir el entendimiento y utilizarlos congruentemente. La naturaleza
parte en la formación de todas sus cosas de los más general y termina por lo
más particular. La naturaleza no da saltos, sino que procede gradualmente; el
núcleo de los estudios debe distribuirse cuidadosamente en clases, a fin que
los primeros abran camino a los posteriores y les den sus luces. La naturaleza
así que comienza no cesa hasta terminar; al que haya de ir a la escuela
reténgasele en ella hasta que se convierta en un hombre erudito, de buenas
costumbres y religioso. La naturaleza
evita diligentemente lo contrario y nocivo; que los discípulos no tengan
abundancia de libros, a no ser los de su clase. No debe tolerarse compañías
disolutas ni en las escuelas, ni cerca de ellas. Si todo esto se observa con
cuidado seguramente las escuelas llegaran a su fin.
XVI
Requisitos generales para aprender y
enseñar, esto es: de qué modo debemos enseñar
y aprender con tal seguridad que
necesariamente hayan de experimentarse los efectos.
Juan amos Comenio, didáctica magna; Porrúa 1998, p, 44-45
La naturaleza prepara la materia antes de
empezar a adaptarle la forma. Contra este fundamento pecan las escuelas:
I.
porque no cuidan de tener
dispuestos para el uso sus instrumentos de trabajo: libros, tablas, modelos,
ideas; si no que a medida que van
necesitando una u otra cosa, la adquieren, hacen, dictan, transcriben, etc.
II.
porque en los mismos libros
que tienen las escuelas no se guarda el orden natural de que precede la materia
y siga la forma.
Para corregir el
método conforme al fundamento se
requiere:
I.
Que estén de ante mano dispuestos los libros y
demás instrumentos.
II.
Que se forme el
entendimiento antes que la lengua.
III.
Que ninguna lengua se
aprenda por la gramática, sino, mediante el uso de autores adecuados.
IV.
Que las enseñanzas reales
vayan antes que las orgánicas.
V.
Que los ejemplos precedan a
las reglas.
CARLOS
MACARIO MORALES MAGAÑA
Requisitos
generales para aprender y enseñar, esto
es: de qué modo debemos enseñar y
aprender con tal seguridad que
necesariamente hayan de experimentarse los efectos.
Juan amos Comenio, didáctica magna; Porrúa 1998, p, 61-71
La
naturaleza aprovecha el tiempo favorable. Por ejemplo: El ave, al intentar la multiplicación,
no
Comienza
en el invierno, cuando todo está frío y helado; ni en el estío, cuando el calor
pone ardientes y marchitas todas las cosas; ni en el otoño, en que la vitalidad
universal decae con el sol y el vecino invierno es adverso a todo lo nuevo;
sino en la primavera, durante la cual presta el sol vigor y vida a todo.
I.
La formación del hombre debe empezarse en la primavera de la vida; esto es, en
la niñez. (La Niñez
nos representa la primavera; la juventud, el estío; la virilidad, el otoño, y
la vejez, el invierno.)
II.
Las horas de la mañana son las más adecuadas para los estudios (porque la
mañana semeja la primavera; el medio día, el verano; la tarde, el otoño, y la
noche el invierno).
III.
Todo cuanto se ha de aprender debe escalonarse conforme a los grados de la
edad, de tal manera que no se proponga nada que no esté en condiciones de
recibir.
La
Naturaleza prepara la materia antes de empezar a adaptarle la forma. Por
ejemplo: El ave, al producir un nuevo ser, primeramente concibe el germen de
una gota de su sangre; después hace el nido en que ha de poner los huevos, y
por último, incubándolos, los empolla y saca.
Contra
este fundamento pecan las escuelas:
Porque
en los mismos libros que tienen las escuelas no se guarda el orden natural de
que preceda la materia y siga la forma. Precisamente en todo se hace lo
contrario, la distribución de las cosas se efectúa antes de las cosas mismas,
siendo así que es imposible ordenar sin poseer antes lo que debe ponerse en
orden.
De
aquí se deduce que para corregir el método conforme al fundamento que acabamos
de
Exponer,
se requiere:
I.
Que estén de antemano dispuestos los libros y demás instrumentos.
II.
Que se forme el entendimiento antes que la lengua.
III.
Que ninguna lengua se aprenda por la gramática, sino, mediante el uso de
autores adecuados.
IV.
Que las enseñanzas reales vayan antes que las orgánicas.
V. Que los ejemplos precedan a las reglas.
En las escuelas existió la
confusión de enseñar a los discípulos muchas cosas a un tiempo.
Por ejemplo: la gramática
latina y la griega, quizá la retórica y qué sé yo qué más. ¿Quién no sabe que
en las escuelas clásicas se cambiaba durante el día de ejercicios y lecciones
en cada hora? Y pregunto yo, ¿qué es confusión si no lo es esto? Es igual que si
un zapatero se propusiese hacer al mismo tiempo seis o siete zapatos, empezando
uno y dejándole en seguida para coger otro, y así sucesivamente.
I. El núcleo de los estudios
debe distribuirse cuidadosamente en clases, a fin de que los primeros abran el
camino a los posteriores y les den sus luces.
II. Hay que hacer una
escrupulosa distribución del tiempo para que cada año, mes, día y hora tenga su
particular ocupación.
III. Debe observarse
estrictamente la extensión del tiempo y el trabajo para que nada se omita ni se trastorne nada.
BLANCA DAMIAN
ENRIQUEZ
Requisitos generales para
aprender y enseñar, esto es: de qué modo
debemos enseñar y aprender con tal
seguridad que necesariamente hayan de
experimentarse los efectos.
Didáctica Magna
Capitulo XVI Pág. 61-71
El incremento de las cosas
se genera espontáneamente de igual modo se procede en lo artificial. La prueba
de la destreza está en el plantar. La enseñanza debe de surgir de forma similar
a la naturaleza, en donde el método de enseñar ha de fundarse en el arte, en
donde debe surgir paralelo a lo artificial. El sembrar es como plantar la
semilla del conocimiento y el descubrimiento en cada alumno a medida de que tal
como la naturaleza hace crecer las plantas el alumno haga crecer su
conocimiento, nutriéndolo guiándolo y dejándolo crecer, todo esto de manera
natural.
Y para ello se
establecieron ciertos fundamentos.
¥ FUNDAMENTO I
La naturaleza aprovecha el
tiempo favorable
Nada acontece fuera de su
tiempo.
De dos maneras se falta a
este fundamento en las esas escuelas:
I. No utilizando el tiempo
adecuado para el desarrollo del entendimiento.
II. No disponiendo luego
los ejercicios con tal cuidado que todo se verifique infaliblemente por sus pasos
contados podemos, por lo tanto, dar las siguientes conclusiones:
I. La formación del hombre
debe empezarse en la primavera de la vida; esto es, en la niñez. (La niñez nos
representa la primavera; la juventud, el estío; la virilidad, el otoño, y la
vejez, el invierno.)
II. Las horas de la mañana
son las más adecuadas para los estudios (porque la mañana semeja la primavera;
el medio día, el verano; la tarde, el otoño, y la noche el invierno).
III. Todo cuanto se ha de
aprender debe escalonarse conforme a los grados de la edad, de tal manera que
no se proponga nada que no esté en condiciones de recibir.
¥ FUNDAMENTO II
La Naturaleza prepara la
materia antes de empezar a adaptarle la forma.
Contra este fundamento
pecan las escuelas:
I. Porque no cuidan de tener
dispuestos para el uso sus instrumentos de trabajo: libros, tablas, modelos,
ideas, etc. sino que a medida que van necesitando una u otra cosa, la
adquieren, hacen, dictan, transcriben, etc., con lo cual marchan
desdichadamente si tropezamos. Porque en los mismos libros que tienen las
escuelas no se guarda el orden natural de que preceda la materia y siga la
forma.
Precisamente en todo se
hace lo contrario, la distribución de las cosas se efectúa antes de las cosas
mismas, siendo así que es imposible ordenar sin poseer antes lo que debe
ponerse en orden.
¥ FUNDAMENTO III
La Naturaleza toma para sus
operaciones los sujetos a propósito, o también para hacerlos aptos los prepara
antes adecuadamente.
Se ha pecado contra este
fundamento en las escuelas, no tanto admitiendo en ellas a los obtusos y necios
sino, no reuniéndolos completamente en las escuelas, ya que los que han de ser
transformados en hombres no deben salir del taller antes de su total formación.
Después de lo cual:
I. Todo el que en la escuela
ingrese, tenga perseverancia.
II. Para cualquier estudio
que haya de emprenderse hay que preparar el espíritu de los discípulos.
III. Hay que despojar de
impedimentos a los discípulos.
¥ FUNDAMENTO IV
La Naturaleza no se
confunde en sus obras, procede claramente en cada una de ellas.
Todo se forma claramente
sin confusión alguna.
En las escuelas existió la
confusión de enseñar a los discípulos muchas cosas a un tiempo. Cuídese también
en las escuelas de que los discípulos no se ocupen en cada momento sino de una
cosa sola.
¥ FUNDAMENTO V
La Naturaleza empieza todas
sus operaciones por lo más interno.
Lo más interno va en primer
lugar.
Así, pues, si el formador
de la juventud actúa intensamente sobre la raíz del
Conocimiento, esto es, el
entendimiento, con facilidad pasará el vigor a la estaquilla, la memoria, y
aparecerán por fin las flores y los frutos, el uso expedito del idioma y el
conocimiento de las cosas.
Pecan en esto los
Preceptores que pretenden realizar la formación de la juventud que les está
encomendada dictando y exigiendo mucho a la memoria sin una diligente
investigación de las cosas.
De lo que se deduce:
I. Debe formarse primero el
entendimiento de las cosas; después la memoria, y, por último, la lengua y las
manos.
II. Debe tener en cuenta el
Preceptor todos los medios de abrir el entendimiento y utilizarlos
congruentemente.
¥ FUNDAMENTO VI
La naturaleza parte en la
formación de todas sus cosas de lo más general y termina por lo más
Particular. De lo cual se
deduce que se enseñan muy mal las ciencias cuando su enseñanza no va precedida
de un vago y general diseño de toda la cultura, pues no hay nadie que pueda ser
instruido de tal manera que resulte perfecto en cualquier ciencia particular
sin relación con las demás.
El remedio de este mal será
que:
I. Se echen los cimientos
de la erudición general desde el primer momento de su formación en la
inteligencia de los niños que han de dedicarse a los estudios.
Cualquier idioma, ciencia o
arte se enseñe primero por los más sencillos rudimentos para que tenga de ella
total idea.
III. El sistema completo
con las excepciones. Por último, los comentarios, si hay necesidad.
¥ FUNDAMENTO VII
La Naturaleza no da saltos, sino que procede
gradualmente.
Claramente se ve que es una
necedad que los preceptores no hagan para ellos y los discípulos una tal
distribución de los estudios que no solamente vayan unas cosas después de
otras, sino que cada una de ellas se desenvuelva dentro de límites
determinados. Sin determinar el límite ni fijar los medios para llegar a estos
límites y el orden de estos medios, con facilidad se pasa algo, algo se
invierte y se perturba todo.
Así, pues:
I. El núcleo de los
estudios debe distribuirse cuidadosamente en clases, a fin de que los primeros
abran el camino a los posteriores y les den sus luces.
II. Hay que hacer una
escrupulosa distribución del tiempo para que cada año, mes, día y hora tenga su
particular ocupación.
III. Debe observarse
estrictamente la extensión del tiempo y el trabajo para que nada se omita ni se
trastorne nada.
¥ FUNDAMENTO VIII
La Naturaleza así que comienza no cesa hasta
terminar.
No hay que cesar hasta no
terminar la obra.
De lo cual se deduce que se
procede dañosamente si los niños van periódicamente con intervalos de meses o
años a la escuela y durante otros períodos se dedican a otros asuntos. Lo mismo
si el Preceptor comienza con el discípulo ahora una cosa luego otra, sin llevar
nada hasta el fin seriamente. También si no se propone y termina algo en cada
hora de modo que resulte un
Patente adelanto en cada
vez. Donde falte tal entusiasmo, se enfriará todo.
Por lo tanto:
I. Al que haya de ir a la
escuela reténgasele en ella hasta que se convierta en hombre erudito, de buenas
costumbres y religioso.
II. La escuela debe estar
en lugar tranquilo, separado de las turbas y barullos.
III. Lo que, según esté
establecido, haya que hacer, hágase sin interrupción alguna.
IV. No deben otorgarse a
nadie salidas ni vagancias.
¥ FUNDAMENTO IX
La Naturaleza evita diligentemente lo
contrario y nocivo.
Se procede, pues, con poca
prudencia cuando en el comienzo de los estudios se proponen controversias a la
juventud; es decir, se despiertan dudas respecto del conocimiento mismo que
pretendemos inculcar en su entendimiento. ¿Qué es esto sino arrancar la planta
que va a echar raíces? Y lo mismo si no apartamos de los malos libros, erróneos
o confusos a la juventud, como así mismo de las malas compañías.
Será, pues, conveniente:
I. Que los discípulos no
tengan abundancia de libros, a no ser los de su clase.
II. Que los libros
referidos estén de tal modo preparados que no pueda aprenderse en ellos sino
sabiduría, piedad y buenas costumbres.
III. No deben tolerarse
compañías disolutas ni en las escuelas ni cerca de ellas.
Si todo esto se observa con
cuidado seguramente las escuelas llenarán su fin.
MÓNICA MARÍA CRUZ HERNÁNDEZ
Capitulo XVI
Requisitos generales para
aprender y enseñar, esto es: de qué modo
debemos enseñar y aprender con tal
seguridad que necesariamente hayan de
experimentarse los efectos.
Didáctica Magna Pág. 61-71
FUNDAMENTO
I
7. La naturaleza aprovecha
el tiempo favorable.
I. La formación del hombre
debe empezarse en la primavera de la vida; esto es, en la niñez. (La niñez nos
representa la primavera; la juventud, el estío; la virilidad, el otoño, y la
vejez, el invierno.)
II. Las horas de la mañana
son las más adecuadas para los estudios (porque la mañana semeja la primavera;
el medio día, el verano; la tarde, el otoño, y la noche el invierno).
III. Todo cuanto se ha de
aprender debe escalonarse conforme a los grados de la edad, de tal manera que
no se proponga nada que no esté en condiciones de recibir.
FUNDAMENTO
II
11. La Naturaleza prepara
la materia antes de empezar a adaptarle la forma.
I. Que estén de antemano
dispuestos los libros y demás instrumentos.
II. Que se forme el
entendimiento antes que la lengua.
III. Que ninguna lengua se
aprenda por la gramática, sino, mediante el uso de autores adecuados.
IV. Que las enseñanzas
reales vayan antes que las orgánicas.
V.
Que los ejemplos precedan a las reglas.
FUNDAMENTO
III
20. La Naturaleza toma para
sus operaciones los sujetos a propósito, o también para hacerlos aptos los
prepara antes adecuadamente.
I. Todo el que en la
escuela ingrese, tenga perseverancia.
II. Para cualquier estudio
que haya de emprenderse hay que preparar el espíritu de los discípulos (acerca
de lo cual hablaremos más extensamente en el capítulo siguiente, Fundamento
II).
III. Hay que despojar de impedimentos
a los discípulos. Para nada sirve dar preceptos si antes no remueves los
obstáculos a lo que preceptúas, dice Séneca. Cierto es y de ello trataremos en
el siguiente capítulo.
FUNDAMENTO
IV
26. La Naturaleza no se
confunde en sus obras, procede claramente en cada una de ellas.
31. Imitémoslos y
procuremos que no se imbuya la dialéctica a los que estudien gramática; y
cuando ésta ocupa nuestra inteligencia no vayamos a perturbaría con la retórica,
y que mientras estudiamos lengua latina espere la griega, etcétera. Además se
dificultan las unas a las otras, porque el que mucho abarca poco aprieta. No
ignoraba esto aquel insigne varón, José Escaligero, de quien se refiere que
(tal vez por consejo de su padre) jamás se dedicó sino a un solo estudio, al
que se entregaba durante aquel tiempo con todas las energías de su
entendimiento. Esta fue la causa de que de tal modo llegase a conocer catorce
idiomas y cuantas artes y ciencias puede investigar el ingenio humano, una
después de otra, que resultase más versado en todas ellas que los que a una
sola se dedican. Quien intentó seguir estas huellas no lo intentó en vano.
32. Cuídese también en las
escuelas de que los discípulos no se ocupen en cada momento sino de una cosa
sola.
FUNDAMENTO V
33. La Naturaleza empieza
todas sus operaciones por lo más interno.
I. Debe formarse primero el entendimiento de
las cosas; después la memoria, y, por último, la lengua y las manos.
II. Debe tener en cuenta el
Preceptor todos los medios de abrir el entendimiento y utilizarlos
congruentemente.
FUNDAMENTO VI
38. La naturaleza parte en
la formación de todas sus cosas de lo más general y termina por lo más
particular.
I. Se echen los cimientos
de la erudición general desde el primer momento de su formación en la
inteligencia de los niños que han de dedicarse a los estudios; esto es, una
disposición tal de las cosas que los estudios que después se emprendan no
parezca que aportan nada nuevo, sino que sean un cierto desarrollo particular
de lo primeramente aprendido. Del mismo modo que al árbol que crece durante
cientos de años no le nacen nuevas ramas, sino las que en un principio le
salieron se subdividen siempre en nuevas ramillas.
II. Cualquier idioma,
ciencia o arte se enseñe primero por los más sencillos rudimentos para que
tenga de ella total idea. Luego, más intensamente los preceptos y ejemplos. En
tercer lugar, el sistema completo con las excepciones. Por último, los
comentarios, si hay necesidad. El que se hace cargo del asunto desde el
principio no tiene necesidad de comentarios. El mismo, tal vez, pueda comentar
poco después.
FUNDAMENTO VII
46. La Naturaleza no da
saltos, sino que procede gradualmente.
I. El núcleo de los
estudios debe distribuirse cuidadosamente en clases, a fin de que los primeros
abran el camino a los posteriores y les den sus luces.
II. Hay que hacer una
escrupulosa distribución del tiempo para que cada año, mes, día y hora tenga su
particular ocupación.
III. Debe observarse estrictamente
la extensión del tiempo y el trabajo para que nada se omita ni se trastorne
nada.
FUNDAMENTO VIII
51. La Naturaleza así que
comienza no cesa hasta terminar.
I. Al que haya de ir a la
escuela reténgasele en ella hasta que se convierta en hombre erudito, de buenas
costumbres y religioso.
II. La escuela debe estar
en lugar tranquilo, separado de las turbas y barullos.
III. Lo que, según esté
establecido, haya que hacer, hágase sin interrupción alguna.
IV. No deben otorgarse a
nadie salidas ni vagancias (bajo ningún pretexto).
FUNDAMENTO IX
57. La Naturaleza evita
diligentemente lo contrario y nocivo.
I. Que los discípulos no
tengan abundancia de libros, a no ser los de su clase.
II. Que los libros
referidos estén de tal modo preparados que no pueda aprenderse en ellos sino
sabiduría, piedad y buenas costumbres.
III. No deben tolerarse
compañías disolutas ni en las escuelas ni cerca de ellas.
63. Si todo esto se observa
con cuidado seguramente las escuelas llenarán su fin.

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